HUGO FT. LA LEY DE LA ATRACCIÓN (VERSIÓN TEXAS HOLD'EM)

11:34 / Publicado por Hugo /

El tipo pelirrojo sacude la cabeza, visiblemente aturdido. Está claro que no entraba en sus planes perder tanta pasta en una mano de póquer. Nato le acaba de soplar limpiamente la linda cantidad de 350 euros con un full de jotas medio bien acompañadas. Estas cosas ocurren cuando te sientas a jugar a Texas Hold'em con un tahúr pensando que es un palomo.

Y aunque Nato tiene de palomo lo que yo de partidario de la abstinencia sexual, es capaz de adoptar una postura de palomo total. A mi, en cambio, la cara de pro-abstinencia no me saldría así fuera el único modo para conservar la vida.

Conocí a Nato en los albores de mi pubertad porque tenía un hijo medio tonto con el que se presentó un día en casa de mis padres para que jugásemos al Scalextric. Tardé solo un par de segundos en darme cuenta de que tenía más en común con el padre que con el crío. Fundamentalmente porque el chaval tenía menos luces que un barco de contrabando y Nato tenía un Ford Escort XR3, un fura-buga de impresión, al menos en aquellos años.

Descubrí pronto que Nato era un bon vivant, un viva-la-virgen. Bronceado perenne, sonrisa a juego con su actitud chulesca y maneras de tipo que se ha comido el mundo seis o siete veces ya. Es de Benidorm, supongo que eso imprime carácter, aunque ha vivido en ambos hemisferios. Un figura.

Me imagino que cualquier aprendiz de psicólogo podría deducir que todos los referentes adultos de mi infancia fueron tipos cortaditos con la misma tijera y que eso determinó mi personalidad en proceso de formación. Bien. Vale. Pues sí. Y qué?. Si hay algun psicólogo de todo a cien entre el público, que se abstenga de subrayar lo obvio del patrón, plis. Porque no sólo de psicología vive el hombre: también hay una evidente carga genética y, además, cierto componente personal: para esto, oiga usted, hay que valer. El que sabe, sabe, y el que no, a Derecho, se decía en mis tiempos. Ignoro si la máxima sigue valiendo con estos vientos de cambio que corren.

Nato estaba casado con una mujer bella pero mojigata. No hacía falta ser un lince para saber cómo iba a terminar aquello. A Nato le perdían la noche y las jovencitas y a su mujer no le pirraba soportar el peso de las sucesivas cornamentas. Así que aquello duró lo que duró la paciencia de la buena mujer. Supongo que aplazaron el divorcio hasta que sus hijos –tenían dos: niño y niña- fueron lo suficientemente mayores como para que el trauma no les afectara.

Y mientras tanto, Nato y yo nos hicimos amigos. De su hijo, afortunadamente, no volví a saber nada.

Nato juega al póquer como ha vivido su vida: entra a todo, a todos los palos, en todas las manos. Acostumbra a decir que unas veces se gana y otras se empata. Es uno de esos tipos acostumbrado a ganar con los que no merece la pena discutir porque tiene seguridad a toneladas.

Y esta noche le ha levantado una bonita suma a un tipo pelirrojo que ahora se tienta la ropa como preguntándose qué ha pasado. Ha pasado, chato, que te has sentado en la mesa equivocada, pero no te preocupes, les pasa a muchos. La próxima vez presta más atención, pichón. Mientras tanto, adiós, adiós. Ojala que te vaya bonito, ojalá que se acaben tu penas, que te digan que yo ya no existo y conozcas personas más buenas. Chimpón.

Nato se pone a contarme su último viaje a Bali mientras el pelirrojo abandona cabizbajo la mesa. La chavala con la que se deja ver últimamente –una jaca de 28 de las que quitan el hipo y el jet-lag- hojea una revista de decoración. Menudas son las balinesas, me dice. Sonrío pensando que este tipo es probablemente el follarín más internacional que conozco. Resulta más sencillo –o rápido- enumerar los países en los que no ha plantado ninguna pica. Cualquier día la ONU le condecora por contribuir al entendimiento entre las razas.

Vuelan las tres cartas del flop sobre el tapete dejando al descubierto la Reina de Picas, un siete y un tres.

De los seis tipos que comenzamos la partida hace ya tres horas y pico ya sólo quedamos tres. Los cien lauros iniciales per capita se han ido repartiendo más o menos equitativamente entre nosotros.
-Nena, tráeme un gin-tonic, quieres?, le dice Nato a la chavala un segundo antes de seguir desgranando las virtudes acrobáticas de las balinesas. Es muy probable que Nato conozca mejor los burdeles del archipiélago indonesio que cualquiera de los monumentos de las islas. Cuestión de prioridades, supongo. Yo tampoco he sido nunca de mucho monumento. Salvo que consideremos monumentales las curvas y toboganes de las féminas, claro. Entonces sí. Soy muy fan.

Primera ronda de apuestas y una cuarta carta vuela, desnuda, sobre la mesa. Coño: Reina de Diamantes.

Guardo las dos cartas bajo mano, sin mirarlas aún, y recuerdo lo de la ley de la atracción. Mmm... por probar... Y pruebo, claro. Me han caído figuras como para montar un belén, pienso con intensidad.

Evidentemente, lo siguiente que me viene a la cabeza es Monica Belluci está a mi espalda dándome un masaje sin utilizar las manos. Mejor un porsiacaso que un quiénloibaadecir. No me desalienta el hecho de no notar los turgentes senos de la Belluci masajeando mi dolorida espalda, porque prefiero pensar que igual el efecto de la ley cósmica del retroceso, avance o atracción -whatever- es de esos de un sólo uso al día. Vaya usted a saber si las Reinas no están escondiditas entre mis dedos.

Se cierra la última ronda de apuestas y vuela el River, la quinta carta boca arriba. Manda huevos: la Reina de Tréboles.

Esto significa tres cosas:
1. Que las dos Reinas no están escondidas en mi mano.
2. Que los tres jugamos con un trío de inicio
3. Que va a ser una mano movidita.

Pero yo, a estas alturas, ya he decidido que voy a cerrar esto en plan Viva Las Vegas. Sin mirar mis cartas, apostando todo, confiando en que la Reina de Corazones esté esperando su momento, agazapada, emboscada entre mis dedos.

Recuerdo que había una peli de vaqueros en la que el prota hacía algo parecido. A él le salía fetén y ganaba la partida. Una pasta, creo recordar. Pronto comprobaremos si a mi me sale igual de bien. Mentalmente vuelvo a hacer uso de la Ley de la Atracción mientras acaricio con el pulgar el envés oculto de la carta. Aquí está mi Reina de Corazones, pienso. Aquí, insisto, presionando con el pulgar.

Tarareo mentalmente una estrofa de Sting (He deals the cards as a meditation / and those he plays never suspect. / He doesn't play for the money he wins, / he doesn't play for the respect. / He deals the cards to find the answer / the sacred geometry of chance. / The hidden law of probable outcome: / the numbers lead a dance) y empieza el cruce de apuestas.

Parece ser que a final de cuentas, el tercer hombre está dispuesto a jugársela. Su lenguaje corporal denota impaciencia. A Nato parece darle igual: va a jugar fuerte de todas todas.

Y para ganar a estos dos sólo hay un camino: fabricar de inmediato un embuste tal que les urja a entrar a saco o una farsa tan pazguata que les lleve a aplicarme un severo correctivo. A Nato ya le conozco y el tercer tipo no me importa mucho: lleva media noche de comparsa, asegurando posiciones, moviendo pocas fichas. Perdiendo poco, pero ganando menos aún. Hace un rato me ha parecido percibir que estaba tratando de encontrar un patrón en los faroles de Nato. Y es posible que lo haya encontrado, porque lleva cerca de una hora sin palmar en sus cruces. Pero tiene pinta de querer jugar fuerte de una vez por todas.

Me quedo pensativo, con la mirada perdida. Cubro mis cartas y cierro los ojos, fingiendo calcular posibilidades. Nato casi se descojona, porque este es un truco muy viejo. Tres y nueve, doce, y me llevo una; una al derecho, otra al revés, y me llevo veintitrés. And so on forth.

Pero funciona: el tercer hombre se lanza. Nato le secunda de inmediato. Se suceden los raise. Yo sigo fingiendo que me lo pienso y al final, con cierta desgana y ante el apremio del tipo, tiro las fichas para cubrir apuesta, que empieza a ser considerable.

El Sr. tercer hombre consulta el reloj. Supongo que le espera alguna Sra. Tercer Hombre. Es probable que esté pensando en cómo le va a explicar el hecho de llegar tan tarde a casa, apestando a alcohol y tabaco. Ah... mírale, qué pillín. Piensa ganar la mano para comprarle un bonito regalo a su mujer. Qué tierno. Es lo que tiene el amor, más que nunca en primavera.

Pero, se siente, va a ser que no. Porque yo tengo un póquer y tú no, querido. Bueno, creo que tengo un póquer. Ya veremos. Porque si no lo tengo voy a hacer un ridículo de los de salir en los libros de historia: este fue el pollo que hizo el ridículo más gordo del siglo XIX, con una foto mía al lado.

Me doy perfecta cuenta de que la única Reina que aún no ha asomado la corona es la de Corazones. Miratúpordónde. Acaricio los naipes y busco un cigarrillo. Aspiro despacio el humo paladeando la metáfora miratupordondiana: la Reina de Corazones.

Nato monta su numerazo final. Joder. Este truco SÍ que es viejo: empuja todas sus fichas al centro antes de que tengamos tiempo siquiera de calcular el volumen de la siguiente apuesta. El tercer tipo examina el rostro de Nato, tratando de vislumbrar el calibre del farol. Yo ya sé que no tiene una mierda y que sólo busca sacarnos de la mano a empujones. A lo sumo, tiene un full. Porque la Reina la tengo yo y sólo yo.

Se va a llevar una sorpresita de cojones.

Y, por lo visto, yo también. Porque el primer en reaccionar a la apuesta de Nato es el tipo taciturno, callado y conservador que lleva tres horas y pico jugando sobre seguro. Y lo hace con tanta falta de contención que me hace pensar que lleva toda la puta noche esperando una mano como ésta y que igual la Reina de Corazones se ha ido con él. Será puta... No, coño, no, espera, que seguro que está aquí, conmigo, me replico a mi mismo. El tipo, ajeno a mis maquinaciones, empuja sus fichas como accionado por un resorte. Hala, qué desparrame.

Ya iba siendo hora de que arriesgara un poco, caballero, le dice Nato con sorna mientras observa la montañita de fichas. Ahí reposa la linda suma de unos 500 lauros de vellón. A falta de los míos, claro.

Ambos se han percatado de que aún no he mirado mis cartas. Crece la tensión. Qué será, será, les digo con sorna. El tercer tipo sonríe nervioso.

Empujo mis fichas.

Buf. Ahí hay unos setecientos euros libres de impuestos. Una señora pasta. No acostumbro a jugarme tanta pasta. De hecho, cualquier otro día salir de la mesa con 180 euros en el bolsillo habría sido una noche de la hostia. Cualquier otro día salvo hoy. Debe ser que estoy en esos días del mes o que me ha sentado mal algo que he bebido. O las dos cosas. Tal vez sea que me hago viejo y ya me patina el embrague.

Hasta la tía que bebe los vientos por Nato se ha dado cuenta de lo que pasa y nos mira expectante, olvidada la revista sobre sus rodillas. Por cierto, vaya piernas gasta la amiga. Autopista hacia el Cielo 1 y 2. Buf y buf.

Pero centrémonos. Ley de la Atracción. Reina de Corazones, las piernas de la chavala... no, coño, no. Volvamos a empezar. Ley de la Atracción, Reina de Corazones, Ley de la Atracción, Reina de Corazones.... Así mejor, sí.

Resulta obsceno pensar en el hambre del Tercer Mundo viendo la pasta que se amontona sobre el tapete. Por eso no pienso en el Tercer Mundo.

Ley de la Atracción, Reina de Corazones, Ley de la Atracción, Reina de Corazones....

Listo, me digo.

El tercer hombre descubre su mano y entre las dos que oculta y las de la mesa florece un bonito full de Reinas y nueves. El tipo está radiante con su jugada.

Nato apura su gin-tonic. Mira a su gachí, le tira un beso poniendo cara de qué se le va a hacer y, como al descuido, deja caer sus naipes. Un par de jotas hacen que la cara del tercer hombre se convierta en blandiblub.

Ah... es que la gente no aprende..... Nato puede poner cara de palomo, pero, definitivamente, no lo es.

Sonríe mostrando dos hileras de dientes marfileños. Es la sonrisa típica del malo simpático. El tercer tipo se derrumba. Ahora a ver qué le dices a tu parienta, querido, porque vas a llegar a casa a las tantas, apestando a tabaco y alcohol y sin blanca.

-Vemos quien paga la cuenta, nano?, me pregunta.

Ley de la Atracción, Reina de Corazones, Ley de la Atracción, Reina de Corazones...

Estiro la mano izquierda sobre el tapete, con las dos cartas pegadas a la mesa. Miro a Nato a los ojitos y al tiempo que doy la vuelta a las cartas, mostrándoselas a él y ocultándolas a mi vista, contesto:

-Tú. Pagas , querido.

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9 Se han atizado un Johnnie::

Comment by Marta on 27 de marzo de 2008 12:20

SI, SI, SI .... te funcionó, GENIAL!!!!

Si es que funciona, funciona, funciona!!! A mí me pasó con un re-pocker de AS!!!!!.

Y Cristina fue testigo!!!!!

Comment by Lex on 27 de marzo de 2008 17:03

Ahora que no nos oye nadie, dime la verdad... Habrías preferido que hubiera funcionado lo de la Belluci, ¿verdad?

La escenita de western que dices, podría ser de unas cuantas pelis, una más o menos reciente es Maverick, donde Mel Gibson sacaba un as de picas para hacer una escalera de color.

Comment by Cristina on 28 de marzo de 2008 08:41

Hola guapi:

Vamos a ver mmmm....
a) Yo pensaba que la Puta era la sota de oros y ahora es la reina? Voy a tener que ir al pueblo de nuevo a jugar unas manos.
b) Ok, ganaste, ¿pero tenias la reina?

Tenía un montón de ganas de leer este post. Me he contenido hasta el final de no saltarme todos los parráfos ... uff menudo esfuerzo he hecho.

Besos.
Cristina

Comment by Cristina on 28 de marzo de 2008 08:42

Paso de Jugar con Marta a los Dados, básicamente porque no se divierte, simplemente le dan orgasmos mentales cuando gana pero mientras pierde no reconozco su boca. Paso totalmente.

Comment by Hugo on 28 de marzo de 2008 10:01

Marta querida, cuánto entusiasmo, va a ser verdad eso que dice Cris sobre tus... ahm... orgasmos mentales. ;)

Lex... mmm... qué elección tannnnnn difícil..... ;) Y sí, esa, Maverick!

Cristina, querida, es lo que tiene la Reina de Corazones. Es algo puta. Como decía John Mayer: You'll be a bitch because you can. You try to hit me just to hurt me so you leave me feeling dirty 'cause you can't understand.

Y sí, querida, sí. Al final la tenía. Acompañada de un feísimo 6 de diamantes, pero la tenía.

Comment by Arwen on 28 de marzo de 2008 13:07

Cualquiera de mi círculo de amistades recuerda una noche de verano a altas horas de la madrugada, casi amaneciendo, cuando un pollo de esos que se cree el amo del corral, solto aquello de "Tengo atracción por las negras" y dejó caer sobre la mesa un nueve de picas y una jota de tréboles lanzando su mano sobre las fichas.

- Ahm... Piolin, lo tuyo debe ser "Atracción Fatal" porque lo mío es un full.

- Pero yo tengo escalera de color!!

Creo que no me he reido tanto como esa noche. Si, escalera de color, pero de color negro! Jajaja....

(En la mesa había K-Q-10 picas 10 diamantes J corazones y en mi mano 10 corazones y J picas)

Comment by Marta on 28 de marzo de 2008 13:55

No son orgasmos mentales, jajajajaja, es que me encanta ver como los demás se retuercen de envidia!!!!

jajajajjajaja. Cristina pero al domino si que juegas? jajajjajajaajajajajjajajajaja, me parto!!!

Estaba entusiasmada porque ya tenía ganas de leerlo!!!!

Comment by Lex on 28 de marzo de 2008 16:22

Marta si te dejan ganar para que te pongas contentita, no es "envidia" la palabra más correcta... o tal vez decía que te dejaba ganar pero no era así ? Mmm, vaya lío ;)

Comment by Marta on 30 de marzo de 2008 11:30

No me dejaban ganar, de hecho, sólo empezar la partida todos van a putearme para que yo no gane, porque les molesta muchísimo mis comentarios tipo: ... vaya ¿sólo gano yo? .... o ... soy la mejor ... o ... denoto cierto grado de envidia en el ambiente .... bueno todas esas cosas que se dicen sabiendo que molestan, jajajjajaja!!!!!

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