QUE TE FOLLEN

18:12 / Publicado por Hugo /

Ella está nerviosa. Lo sé porque se ha incorporado de la cama y ha comenzado a vestirse como si fuera a irse de la casa. El hecho de vestirse no presupone nervios, es cierto, pero sí que lo haga para marcharse cuando este es su dormitorio y esta su casa. El que debería abandonarla, en todo caso, sería yo, nunca ella. Así que sí, eso me hace pensar que está nerviosa.
Aunque lo que de verdad confirma mi hipótesis es un
-Hugo, cariño, ni te molestes, con el cariño preñado de amargura y acaso cierto sarcasmo.

¿Que no me moleste? Se refiera a lo que se refiera, lo cierto es que no tenía pensado molestarme en hacer nada al menos en las próximas tres o cuatro horas. Mi idea era dormir. Pero ya me había quedado claro que eso no va a suceder así como así. Ni de ningún otro modo.

Cuando se da cuenta de la estupidez que está haciendo -vestirse para marcharse de su casa- para en seco y súbitamente agotada, se sienta en el borde de la cama, dándome la espalda.

Así que opto por el lenguaje no verbal, busco mi ropa y me visto en silencio. Cualquier cosa que diga sólo empeorará la situación, porque las únicas palabras que ella desea escuchar son precisamente las que yo no voy a pronunciar.

La mañana clarea al fondo, sobre los tejados, mientras traspaso el viejo y estrecho portal de su casa. No se trata de que yo diera por hecho que nuestra desenfadada relación no fuera a terminar jamás. No, no es eso. Estas cosas, tarde o temprano, se acaban. Pero en esta ocasión no he percibido ninguna de las señales previas. O quizá estaban ahí pero yo no las vi. En realidad todo eso ya carece de importancia. Siempre, y cuando digo siempre, digo SIEMPRE, llega un momento en el que ellas piden más. Quieren más. Exigen más. Más de lo que yo estoy dispuesto a ofrecer. Y no me refiero a una cesión pequeñita, sino a una rendición en toda regla.

En este caso en concreto, el the end me ha pillado, lo reconozco, por sorpresa y con los shorts a la altura de los tobillos. Aunque, francamente, me importa bastante poco. O quizá es que estoy tan acostumbrado que ya me importa todo tres pollas impares.

Las pocas veces que me he preguntado el por qué he llegado a la misma conclusión: ellas acarician la secreta idea de curarme. Como si estuviera enfermo, o herido, o vayaustedasaber. Antes me esforzaba mucho en dejarlo claro, porque pensaba que de algún modo había sembrado en ellas alguna esperanza. Después me di cuenta de que no era cosa mía. En absoluto.

Las mujeres, o al menos una porción bastante generosa de la población femenina mundial, lleva escrito en el código genético la misión de enderezar al golfo, de sacar del arroyo a los descarriados. Algo prodigioso lo de la genética, sí, sin duda.

Y sí, lo reconozco, antes me hacía sufrir. No quería ser el malo. Odiaba ser el malo. Pero aquello se acabó. Aprendí a meter las manos en los bolsillos y regresar a casa con un cigarro entre los labios, plenamente consciente de que yo no había elegido herirlas, sino que ellas habían elegido sufrir.

Y sí, es probable que sea una postura algo cínica. Algo desconsiderada. Algo trivial. Sin duda. Lo es. Cínica, desconsiderada y trivial. Y otras muchas cosas. Supongo que es un buen modo de describirlo. Pero cuando has dado los suficientes paseos de regreso a casa, aprendes que las cosas son mucho más sencillas y que las personas nos empeñamos inútilmente en complicarlas para obtener, como único premio a nuestro empeño, un dolor hondo, triste e incomprensible.

En cualquier caso, siempre les queda el consuelo de pensar que sí, que soy un cabrón. Que la culpa es mía. A mi ya me da igual. Lo tengo más que asumido.

Mi psicóloga de todo a 0.99 de cabecera sostiene que me comporto así porque estoy buscándola. A ELLA. A la mujer perfecta. Algo tan chorras sólo puede decirlo una mujer sin que parezca una gilipollez. Pero eso no significa que tenga razón. Me río yo de sus teorías.

Qué curioso. En pocas horas las calles abrasarán, pero ahora siento algo de frío. Será, como dicen en los pueblos, que ha refrescado. Sonrío por la tontería que acabo de pensar mientras me oriento. Al doblar la esquina, me topo un barrendero que empuja los residuos con un escobón king size. Lleva puestos unos cascos, pero lleva la música tan alta que no me cuesta reconocer el chunda-chunda con el que, imagino, trata de animarse el madrugón.

Siento la súbita necesidad de detenerme, de sentarme y tomar un café. De indagar qué otras criaturas habitan este amanecer. Bueno, eso y que me meo, porque con el rollo del lenguaje no verbal y el sofocón de la chatina, se me ha pasado ir al baño y he salido a la calle sin evacuar. Si fuera más temprano y estuviera más oscuro, me aliviaría tras cualquier coche. Siento predilección por los Citroen. No sé por qué, pero me producen unas enormes ganas de abrir las esclusas de mi vejiga y dejar que la Madre Naturaleza haga el resto. Hace años lo hacía al son de mi agüita amarilla, a voz en cuello. Que tire la primera piedra el que no lo haya hecho nunca. Pero ya no tengo edad para semejante espectáculo.

Así que traspaso el umbral de una cafetería extrañamente grasienta y cenicienta al mismo tiempo. Acodado en la barra, ojeando el Marca, un jaque gordo como el muñeco de Michelín apenas levanta la vista para saludar.
-...nas, dice. Imagino que es una contracción de Buenas. Vamos, digo yo.
-Un cortado.
El jaque trastea en la máquina mientras yo visito su aseo. Aprovecho el camino de vuelta para observar el garito. Al fondo, un tipo monea con una chavala. Muy zalamero. Excesivamente. Me doy perfecta cuenta de que está gastando su última pólvora, a ver si hoy mete en caliente. Si a estas horas no lo has conseguido, chato, va a ser que esto no es lo tuyo, pienso mientras extiendo la mano para coger un ejemplar de un periódico nacional, de vuelta a la barra. No se pueden dejar las cosas para última hora, que luego pasa lo que pasa.

Mi abuela tenía la curiosa costumbre de abrir el periódico por las necrológicas y luego ir hacia el principio, recorriendo a la inversa las secciones. Yo, en el asunto de la prensa, me decanto por abrirlo por la sección de contactos. Los anuncios guarrillos me divierten. Son infinitamente más interesantes que la portada.

Por dios sabrá que extraña asociación de ideas, pienso que ella se habrá quedado dormida al fin, previa ración de llantina y maldiciones. Pienso en ella con cierta ternura, no exenta de decepción. La lectura de un anuncio destacado me arranca de semejante línea de pensamiento: "Deseo compartir contigo momentos de bienestar, juntos saciar nuestra sed, proporcionarte un buen masaje relajante, erótico y anal". Si le quitas lo del masaje relajante anal, bien podría ser un anuncio para quedar a leer poesía. Ah! este es un clásico: "Multiorgásmica, super viciosa, doble penetración". Esta chica debe ser de lo más completito del mercado, aunque lo de doble penetración debe ser un claim para el segmento de clientes con dos pollas, porque si no, esto no hay quien lo entienda.

Vuela el vaso de café sobre la barra y aterriza milagrosamente a centímetros de mi mano izquierda, temblando sobre el platillo. El jaque no se ha molestado ni en avisar. Lo ha lanzado y listo. Ahí, ahí, la clave de un negocio fecundo es la atención al cliente. El pulpo que rodeaba a la chavala en las mesas del fondo empieza a perder fuelle. La chavala recoge sus bártulos, anunciando que se marcha con la música a otra parte. Alzo el vaso, brindando conmigo mismo por lo listo que soy.

La tía se evapora. El aprendiz de follarín se levanta trabajosamente y se acerca a la barra.
-Qué se debe, jefe?
Y el jefe le contesta con un gruñido del que, con paciencia, se puede entresacar que se deben 3,40. El tipo rebusca en sus bolsillos y giro involuntariamente la cabeza para mirarle. Él me mira a mi. Tal vez piense que hay algo de hermanamiento mañanero entre ambos, porque va y me suelta:
-Menuda calienta pollas.
Lo hace sonriendo, como si tal cosa. Como si estuviéramos hablando del fútbol, de lo tarde que se ha hecho, o del cambio climático. De cosas lejanas, impersonales. Indoloras.

Dudo entre reventarle la cabeza contra la barra o partirle sólo un par de falanges. Normalmente no soy un tipo violento, pero la catadura de este colega ha activado la parte más fea de mi otro yo. Sostengo su mirada decidiendo qué será, será. Supongo que ya se ha dado cuenta de que no me ha hecho ni puta gracia su comentario y que no hay ningún hermanamiento posible entre sus modales de follamonos y yo.

Paga y se va. Rezongando. Debería estar contento de no ir camino del hospital. Le ha salvado el hecho de que las manchas de sangre, como las de vino, salen muy malamente y tengo mucho cariño a esta camiseta.

Cierro los ojos y suspiro, disipando la tensión que se ha quedado sin desahogar. Con mucho gusto le hubiera explicado que eso de menuda calientapollas estaba de más y que esas no son formas de referirse a nadie salvo a su puta madre.

Pero no hubiera servido de nada. Tipos como éste los ha habido siempre y siempre los habrá.

Pago mi café y salgo otra vez a la calle. Camino pensando en lo que acaba de suceder. Sé que es habitual: el tío que no consigue sacar de paseo al calvo lo achaca a que la tía era frígida, o una calientapollas, o que le cantaba la petaca y no le ponía. Lo que sea.

El mundo está loco, pienso. Y me viene la imagen del anuncio de Aquarius: No, el ser humano es extraordinario, dice un simpático chalado.

Vibra mi móvil en algún lugar indeterminado de los pantalones. Vaya, me equivoqué. Aún no se ha dormido. El mensaje es breve. Brevísimo. Tres palabras: Que te follen.

Guardo el teléfono. Sonrío. Supongo que se habrá quedado a gusto. Ahora sí que dormirá. Como un bebé.


Reemprendo la marcha y me pongo a tararear, con Jason

It takes a thought to make a word,
and it takes some words to make an action
It takes some work to make it work
It takes some good to make it hurt,
it takes some bad for satisfaction.

12 Se han atizado un Johnnie::

Comment by Cristina on 28 de agosto de 2008 20:08

Vaya!
Tengo poco que añadir, porque en el fondo se que es asi, tal y como lo piensas.

Cambia de psicóloga (te quiere follar) lo siguente que te dirá será ¿aún no te has dado cuenta que soy Ella? Verás, verás la tipa como lo acaba desembuchando...

ME HA ENCANTADO ESTE RELATO, un montón. Por cierto, casi te veo de espaladas, con la americana gris merengo y el cuello alzado, bonito culo ;)

Comment by Fantômas on 28 de agosto de 2008 22:03

Buen blog che! Te invito a darte una vuelta por el mío, creo que te puede llegar a interesar por las cosas que veo que posteás (y de paso si querés intercambiamos enlaces).

Mi blog, principalmente sobre música, lo podés encontrar acá:

Soy del Montón

Y también hace poco inauguré un foro en el que quizá te interese participar:

Soy del Montón Foro

Un abrazo.

Comment by Hugo on 28 de agosto de 2008 23:38

Cris, querida, me alegro de que te haya gustado. Respecto al asunto de las psicólogas de 0,99... ahm... en realidad no es psicóloga y.... bueno, es la mujer de uno de mis hermanos jajajaja!! Besos

Fantomas, querido, gracias, pero no estoy interesado. Suerte.

Comment by Lex on 29 de agosto de 2008 9:09

Yo creo que la psicóloga tiene razón, vas por mal camino ;) Por cierto... no quiero mal entendidos, no es Malva.

Cris... bonito culo ? Ave María Purísima, por eso quieres que cambie de psicóloga. Tú lo que quieres es que vaya directo a tu Diván !!!

Comment by Cristina on 29 de agosto de 2008 9:27

ja, ja, ja,

Comment by Marta on 1 de septiembre de 2008 11:02

Como soy muy inocente y no suelo ver aquello que está muy claro, al no ser que me lo digan y me lo expliquen, el mensajito ese de: Que te follen, es posible que no sea nada más que un mensaje de buenas intenciones, hacia ti, claro.
A veces antes de dormir me apetece enviar angelitos, buenas vibraciones, ondas, ... llamalo como quieras, y buenos deseos a gente que quiero, es posible que la chica hiciera lo mismo ¿no?. No seas rencoroso hombre, que seguro que si lo piensas bien, eso es lo que quieres!!!! jajjajaja.

Una vez, y como ya es costumbre, me deleitan tus escritos!!!!.

Y ya que se comenta sobre lo de la psicóloga que es tu cuñada, a lo mejor es que a ella lo que le apetece es tener una cuñada, igual que a las madres que les apetece que sus hijas tengan hijos para que sean sus nietos y llevarlos de paseo y esas cosas ... (Bueno, no sé ni lo que he puesto aquí, pero ahí lo dejo).

Un besito.

Comment by Dy on 3 de septiembre de 2008 21:55

Me ha gustado mucho Hugo. Casi casi estaba desayunando "antesueño" yo también. Oye! Mira que queda mal entrar a un bar a esas horas para entrar al baño y no pedirse un café.

Sobre la sicologa, es que nunca hay que mezclar tu psiquis con la familia...
jajajaja
te volverán loco!

Un besazo

Comment by Seeandwrite on 11 de septiembre de 2008 9:41

Me encanta.. después del "que te follen", quedara bastante a gustito.. tú seguiras yendo al psicologo y ella solo llorará una semana..

Es así o me he perdido..

Lindo relato!.

:-)

Comment by Hugo on 12 de septiembre de 2008 1:38

Ahm... veamos. Por partes

Lex, querido. Efectivamente, por muy mal camino.

Marta, querida. Sí, yo también pienso que a final de cuentas, un 'que te follen' es una expresión de buenos deseos. De hecho, este año, en lugar de 'Feliz Año Nuevo' pienso decir 'Que te follen' a cuanto ser humano se cruce en mi camino.

Dy, querida, mi psiquis, y la de mi otra personalidad están bastante tocadas del ala desde hace tiempo, pero se agradece la preocupación.

Seeandwrite, bienvenida, querida. Y no te preocupes si te pierdes.... yo te encuentro. ;)

Anónimo on 14 de septiembre de 2008 15:29

Hola Hugo, un placer :)
"Que te follen" fue publicado el jueves 28 de Agosto, mientras escribo estas líneas es 14 de Septiembre, suelo ir mirando de tanto en tanto tú blog para seguir disfrutando con tus narraciones de la vida al estilo Hugo, pero: ¿dónde andas?. Hace mucho que no publicas nada.
¿Te tiene secuestrado alguna maníaca sexual?
¿Tú psicóloga ha decidido internarte?
¿Ese nuevo taxista no encuentra la calle de tú casa?
Jo Hugo, que tengo mono ya!!

Un saludo
Alberta Renoir

Comment by Hugo on 15 de septiembre de 2008 2:09

Alberta, querida, bienvenida
Desgraciadamente, no me he topado con ninguna otra maníaca, ni mi psicóloga de todo a cien ha obtenido la orden judicial de incapacitación. Por otra parte, aún no tengo nuevo taxista de cabecera.
La realidad es que me he apuntado a un curso de calceta que me tiene absorto y el poco tiempo libre que he tenido lo he dedicado a ir de funerales, como puedes ver en el nuevo post que -oh sí, al fin!- he escrito.
Eres un encanto, querida. Gracias por estar por aquí.
PD. Y ten cuidado con los monos, que esos sí que son maniacos. Si no, pregúntale a Marco cómo le dejó la retaguardia el cabroncete de Amedio.

Comment by Marta on 15 de mayo de 2009 20:32

Te iba a dejar un comentario, pero mejor te lo envío por e.mail!!!!

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