CANT KICK THE HABIT

03:22 / Publicado por Hugo / Se han atizado un Johnnie: (2)

La delicadeza del momento no me impide advertir la turgencia de sus senos bajo la blusa. Estamos a cinco minutos de cerrar un acuerdo para refinanciar un porrón de millones y no puedo dejar de pensar en la curva de sus pechos, perdiéndose bajo los pliegues de su blusa. Decido que es un Valentino. Y que sus pechos son como cabritillas. Y que la parte IV no contempla del todo bien lo de la recompra de bonos, así que habrá que darle una vuelta, pero eso son asuntos menores ante la envergadura (la mía y la suya) de la gachí.

Porque hay cosas que nunca cambian. Y ya hablemos en euros, en dólares o, llegado el caso, en rublos, esto siempre va de lo mismo. En lugar de pensar en derechos de adquisición preferente pienso en morderle los pezones. Cuestión consuetudinaria, que diría un clásico.

Ella examina el contenido del portafolio donde ha ido tomando notas. Su jefe y el mío se enfrascan en un apasionante debate sobre cuánto tardará la Administración Obama en digerir General Motors mientras sus miradas dicen lo a gusto que se quedarían si pudieran clavarle un puñal al otro justo en mitad de la espalda.

Yo la miro a ella y pienso que también me quedaría bastante a gusto de poder clavarle algo, aunque no pienso precisamente en puñales. Ella termina de repasar sus notas. Así que es de esas: de las que hacen listas y repasan el check up una y otra vez para no dejarse nada por el camino. Por la mañana: ducharme, desayunar, no olvidar ponerme las bragas. A mediodía: comer, lavarme los dientes, respirar. Y así sucesivamente.

A ella se le escapa un suspiro y al levantar la vista me ve sonriendo. Querida, sólo te falta asomar la punta de la lengua entre los labios y serás la perfecta colegiala aplicada que suspira satisfecha tras terminar el examen. Pero ella, ajena a mis pajas mentales, continúa repasando su lista: apalancamiento, ratio sobre ebitda, prolongación de deuda, etc. A ver, a ver.... que no se me pase nada, parece estar pensando.

Ah.... es que cada vez son más jóvenes.

Aliso la corbata sobre mi vientre, dejando que mi mirada vague por su perfil en escorzo y decido que me la voy a tirar. Es probable que si mi jefe supiera que estoy planeando tirarme a la strategic advisor de la otra parte mi despido sería fulminante e inmediato. Pero yo soy así. Esta es una de esas firmas en las que llevo meses trabajando. Y, llegado el momento de la verdad, sólo puedo pensar en follar. Otros prefieren las stock options, pero es que a mi las opciones a futuro me ponen más bien poco. Soy más de polvete en la mano que orgía volando.

El ventanal a espaldas de la gachí muestra el increíble skyline de esta ciudad que tanto he amado. Atardece con suavidad. Fuera hará calor. Un calor del demonio, pero en cuanto el sol deje de atizar sus rayos con tanta furia, una suave brisa se colará por las calles. Nuestros jefes continúan parloteando. La cinta de la CNN apunta las primeras reacciones. Los chinos compran Hummer. Je... tiene gracia. Con lo canijos que son los chinos -excepción hecha de Yao Ming, claro- y van y compran al fabricante de los hmmwv's. Con dos cojones.

El leve carraspeo de la chavala me hace saber que ha terminado con su revisión. Debe tenerlo todo claro, porque mira a su alrededor como si no entendiera nada. Nuestros jefes parlotean aún. Lo harán durante diez minutos más, fingiendo que ninguno de los dos le da verdadera importancia al acuerdo de hoy. Claro, como si tal cosa. Ahí fuera la gente está sin qué llevarse a la boca y a ellos les importa poco refinanciar 692 millones. Claro que, quién soy yo para juzgarles. Yo estoy pensando en tirarme a la rubia de la blusa entreabierta y no en el agujero de las subprime.

Ah.... qué curiosa paradoja. Yo también pretendo no estar realmente involucrado en la firma de hoy, aunque no finjo interés por el handicap del que tengo enfrente. Básicamente porque enfrente no tengo a Jack Nicklaus, sino a una strategic advisor bastante maciza.

Y entonces tengo una revelación, como Julius en Pulp Fiction. Un raro momento de claridad entre borrachera y borrachera. Dejo que la idea tome cuerpo antes de considerarla realmente. Ah... ahí viene: utilizo el sexo como vía de escape. Y de tanto hacerlo, se ha convertido en un hábito. Uno de esos que definen el carácter. Una de esas cosas que justifican todas las demás: la crisis, el riesgo, los abandonos, la crueldad.

Y ella, que sonríe cortés, no sabe lo cerca que está de tener el polvo de su vida. Sí, porque tiene pinta de que nunca haber follado hasta rasgar las sábanas, sudando hasta deshidratarse. Mi psicóloga de cabecera dice que debería darle al menos una oportunidad a las mujeres que me tiro. Que debería esperar un par de días, salir por ahí, cenar, conocerlas. Y después decidir si me compensa tirármelas. Me pregunto cómo es posible que a estas alturas de la película aún no haya entendido que a mi me gustan todas las tías y que la que no me gusta tiene un serio problema.

La cinta roja de la CNN, vomitando más datos desde el callado monitor, me saca de mi ensoñación. El cierre en NY podría haber sido peor. En nuestro caso, tenemos unos días de control, pero está claro que nos va a ir de puta madre. Y mi jefe, que lo sabe mejor que nadie, ultima la conversación intrascendente con su opuesto, que también tiene clara la obscena cantidad de pasta y poder que ha ido a parar a su bolsillo. Y yo miro a la rubia a los ojos, preguntándome si debería darle una oportunidad, mientras tarareo un estrillo de Chris Barron: I can sing, but I can't sigh. I can barely breathe the air I need to justify why I sink so low to get so high.
I can't kick the habit.
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