BABY, I'M A FOOL

19:58 / Publicado por Hugo /

-Era fea.

-Tanto?, pregunta Duncan.
-No me la hubiera follado ni con tu polla
-Entonces debía ser espantosa porque estoy en una fase de mi vida en la que no le haría ascos ni a Gracita Morales, contesta, ahogando una carcajada. En el fondo somos como adolescentes. Pero sólo en el fondo, porque lo malo es que nos hacemos mayores aunque no queramos.

Estoy bajo los efectos del jet lag. Y de unos cuantos Johnnies. El viaje ha sido largo, tedioso e inquietante. Me afecta más al volver que al irme. Supongo que me cuesta ir contra el sentido de la rotación de la tierra. Eso sería muy zen. El caso es que me deshidrato más al viajar contra el sol. Duncan se cuelga del hombro una de mis bolsas de viaje mientras insiste.

-Coño, Hugo, por una vez que hagas tú de Robin no se va a caer el cielo.
No, probablemente no, pero soy un tipo de costumbres. Y entre ellas no está la de hacerme cargo de bat-factors. Y mucho menos para que Duncan saque a pasear al calvo. Y muchísimo menos si encima de entrada ya sé que el bicho es una garrapata. O más bien que lo era hace unos años. Ahora puede ser incluso peor. Es lo que tiene el paso del tiempo, que no perdona ni a dios bendito.

No hace ni diez minutos que estoy aquí y ya tengo unas ganas locas de huir. La pregunta es adonde. En US dejo tres o cuatro relaciones inconclusas, seis o siete felaciones concluidas, una galerista coprofílica y una aventura de mes y medio con la mujer 10, salvo que transcurrido ese mes y medio ya ni me parecía perfecta ni niño qué haces ahí. Necesito el calor del hogar. Del hogar de una maciza. No de un bat-factor garrapatil, Duncan, coño, que pareces nuevo. En estos últimos meses he acumulado estrés y millas de viaje para aburrir. Tanto es así que he redescubierto un clásico de las obras completas del Sr. Durden: If you woke up at a different time, in a different place, could you wake up as a different person? La respuesta, obviamente, es que no, pero a veces habría deseado serlo. Además, me he resentido de mis problemas de espalda y Hani sólo estaba a tropecientas mil millas de distancia, lo que hacía, en la práctica, imposible acudir a sus manos roturadoras/sanadoras. Y mientras tanto, la Ducati cogiendo polvo en un garaje.

Definitivamente, necesito un buen polvo, nada de citas con la víctima deforme de un ataque nuclear. Hostia. Coño. Que lo tengo que decir todo.

Hace frío, pero nada comparable con el viento helado de Chicago. Madrid no ha cambiado mucho: sigue estando lleno de tías buenas con ganas de conocerme. Y eso, ahora mismo, es lo único que importa. Amontonamos mis maletas en el coche y abro la portezuela del copiloto. Del aeropuerto a la casa de Duncan hay una buena media hora conduciendo a toda hostia. Si condujera yo llegaríamos en veinte minutos. Pero estoy reventado. Me duele la cabeza. Y la insistencia de Duncan en que le haga la cobertura con Victoria -la garrapata- y su amiga maciza no hace sino avivar mis instintos asesinos.

Enciendo un cigarro. Duncan me mira con aire de reprobación. La tapicería es nueva. De cuero bueno y caro. Sería una lástima que una pavesa voladora lo quemara. Jugueteo con la idea de aplastar la brasa incandescente en la tapicería de color crema para acabar con su molesta insistencia, pero reparo en que tal vez deba contener a Tyler. Duncan no dudaría en patearle el culo a Vanesa Paradís (musa pajillera de su adolescencia) si la gachí gabacha le quemase la tapicería, de modo que no puedo confiar en nuestra amistad para que no haga lo mismo conmigo en caso de incendio tapiceril. Es una cuestión de prioridades. Y la mía ahora mismo es llegar a su casa, darme una ducha y dormir ocho horas en algo que sea plano y mullidito.

En la radio Javi Nieves interroga a una gachí que les ha llamado a la radio para pedirles que hagan de casamenteros con su vecino Nacho, del que está secretamente enamorada, pero al que no se ha atrevido a dirigirse en tropecientos años, más allá de algún Hola, qué tal? Coño, que no es tan difícil, chata: me molas -stop- quieres follar? -stop- Y si así no te lo llevas al huerto es que es gay.

De Javi Nieves me acuerdo porque hace muchos muchos años me mangó un mechero. Claro que aquella noche yo estaba más pendiente de una gachí que de mi mechero y supongo que salí ganando con el cambio. Pero lo del mechero me escoció. Le tenía cariño. Sin embargo esa es, definitivamente, otra historia.

Quién te tienta a las nueve treinta se llama el espacio en el que Javi Nieves hace de Cupido. Por lo que se ve, ahora tiene su propio programa: Buenos días Javi Nieves. Este tío sigue siendo la bomba. Era de lo mejorcito que tenían en Cadena Cien. Cada cosa que tocaba era un parto total.

Y entonces Duncan lo suelta
-Tú qué crees, aceptará la cena o la pasta?
-Ahm....ein.....
-Yo digo que la cena. Y si lo hace tú aceptarás ir de Robin, que ahora que tengo batcoche nuevo ya puedo ir de parte contratante, no?
-Sí, de la primera parte.
-Ein?
-Nada, déjalo. Me asombra la capacidad de Duncan para oir campanas y no saber dónde. Lo suyo es básicamente tocar de oído.
-Vale. Entonces hay trato?
-No
-Joder, qué cabezón eres, hostia.
Javi Nieves interroga a Nacho, el vecino por el que Nuria -así se llamaba la radiooyente enamorada- suspira. La entrevista es un despropósito de principio a fin y me río a carcajadas. No sé si me hace más gracia Javi con sus chorrapreguntas o Nacho (a estas alturas es casi de la familia) con sus respuestas de adolescente al que le pillan escribiendo el nombre de la amada en el cuaderno de apuntes de Literatura. Y justo cuando Javi le pregunta al pollo si quiera la cena o la pasta, me lanzo.
-Vale. Querrá la pasta. Si elige cena me ocuparé del bat-factor.

Nueve horas después

Me despierto soñoliento, desorientado y con más hambre que el perro del Lazarillo de Tormes. Mi cuerpo me pide un café, pero el reloj me dice que una copa sería más apropiada. Resuelvo fiarme más del reloj. Eso, en cuanto descubra dónde estoy y dónde está el mueble bar me pondré una copa. Bajo las escaleras y veo a Duncan abriendo una botella de vino junto a la mesa de su comedor. Hago acto de presencia en su sala de estar arrastrando una cara de sueño que no me lamo y vistiendo unos shorts. Estoy tan sopas que ni me entero de que hay alguien en la cocina trasteando, así que cuando escucho una voz femenina saludando a mis espaldas arrugo el gesto.
-Ah... Hugo. No sé si conoces a Ana.
Pues no, no tenía el gusto, joder, coño. Estas cosas se avisan. Un poco más y salgo en pelotas.
-Hola chata, habitualmente voy con más ropa, pero al saber que vendrías me he puesto mis mejores galas.
Ella se ríe. Duncan hace un gesto que él cree imperceptible y clandestino para indicarme que esta es la jaca que pretende montar. Su intento pasa tan desapercibido como el papa enseñando la chorra. Me siento tras la barra que separa su cocina de la sala de estar cumpliendo un doble objetivo: taparme un poco y alcanzar algo de comida.
-Duncan me ha hablado mucho de ti.
-Ah sí?
-Sí. Eres Hugo, el follarín.
-Entre otras muchas cosas, sí. Me guardo mucho de decirle que Duncan también me ha hablado de ella. Bueno, en realidad, me ha hablado de las obscenidades que pretende hacerle.

Duncan tercia en la conversación para evitar la deriva habitual.
-Qué has traído esta vez? Acostumbro a traer música cada vez que regreso a España. Esta vez le ha tocado a Melody Gardot.
-Melody Gardot y Lizz Wright.
-Ein?
-Qué mas te dará. Abro la cremallera del bolsillo exterior del maletín del portátil y saco un par de CD's.
-Pon el qué más rabie te dé, chato.

Y la voz de la jovencísima (24 primaveras gasta) y rubísima Melody dulcifica de inmediato el ambiente. Sí, es la misma tipa que escuchas ahora mismo. Si te gusta, te vas al itunes y te lo compras, que la chavala bien merece que te rasques el bolsillo. Pico algo mientras observo que efectivamente Ana tiene poderosas razones en su anatomía que justifican el ardor guerrero de Duncan. Concretamente, dos. Las de siempre, claro. Al fin caigo en la cuenta de que está preparando la cena y hago mutis por el foro mientras recuerdo que Nacho, al final, aceptó la cena. Joder. La garrapata.

Me ducho y me afeito. La garrapata. Hay que joderse. Ya podías haber elegido la pasta, Nacho, hostia. Valoro la opción de ponerme el albornoz mojado, un par de calcetines y acudir de esa guisa a la mesa. Total, para qué molestarme si hoy lo único que voy a mojar va a ser la imaginación de la garrapata. Me fastidia tener tan claro que no voy a follar. Es como jugar un partidito contra Nadal o Federer. Ya tiene que sonar mucho la flauta para que te vaya bien. Termino de adecentarme mecánicamente. Rebusco en una de mis bolsas de viaje. Creo que tendré algo no muy arrugado. Me cago en Nacho y el triunfo del Amor. 120 euros y los dejó volar. Menudo moñas, coño. Pero la parte buena es que el jet-lag me da la excusa perfecta para comportarme como un perfecto hijo de puta. Si la cosa se pone muy tonta puedo dejar aflorar mi síndrome de Tourette y achacarlo a los husos horarios.

Oigo que suena el timbre de la puerta de la calle. Uno de los perros de Duncan ladra. Si la tipa no le gusta ni a los perros de Duncan, malamente me va a gustar a mi. Me enfundo una chaqueta ligera y me preparo mentalmente.

Victoria fue compañera de Duncan en algún momento de su carrera. Hematóloga, para más señas. Y cuando la conocí, hace ya algunos años, no era precisamente la clase de doctoras a las que uno se imagina en una barra americana con la bata volando. Lo cierto es que recuerdo vagamente sus facciones. Y cuando eso me pasa con una tía es que no estaba suficientemente buena.

Mientras bajo las escaleras escucho dos voces femeninas y a Duncan. Charla intrascendente, de pasillo, de ascensor. De esas para hacer tiempo mientras el tifón arrasa la ciudad. Y el tifón, bien lo sé yo, está a punto de hacer acto de presencia.

-Hola, qué tal?, digo mientras accedo al comedor. Y según lo digo siento cómo se encoge mi ombligo hasta quedar reducido a la mínima expresión. Cubierta por un vestido negro rematadamente sexy hay una tía a la que sí me imagino en la barra americana haciendo piruetas. Por dios que sí.

No tiene unas tetas tan voluminosas como las de Ana, pero a cambio tiene un mohín de desdén que me ha puesto a tono desde el minuto cero. Si esta es la misma Victoria que conocí debería ir pensando en que me miren lo de la memoria. O la vista. De haber sabido que las hematólogas pueden estar tan buenas habría estudiado medicina. O habría donado sangre. Lo que fuera más rápido.

Me doy cuenta de lo predecible que debe estar resultándote esta historia. Pero no te haces una idea de lo agradecido que estoy a los hados de que así fuera. De un terrible episodio de batfactorismo habíamos pasado a un ticket-to-heaven.

...

Más tarde, Duncan y Ana desaparecen escaleras arriba y la Gardot susurra Tell the truth I think I should have seen it coming from a mile away. Mientras decido indagar sobre los efectos de la gravedad al deslizar los tirantes del vestido de Victoria escucho a Tyler, versionándose a si mismo: If you woke up at a different time, in a different place, could she be a different person?

Y la respuesta, cheré, es que sí.

Por cierto, Nacho, querido: gracias. Espero que tú también mojases el churro.

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7 Se han atizado un Johnnie::

Comment by Cristina on 26 de enero de 2010 12:15

Dios!

Comment by Mariam Kidd on 27 de enero de 2010 14:03

Hugo querido, me alegro que estes de vuelta, me encantan tus historias.

Comment by Dios on 28 de enero de 2010 20:42

Dime, Cristina, querida.

Comment by Hugo on 28 de enero de 2010 20:43

Cristina, Mariam, el placer es todo mío.

Comment by Ipathia Naidoo on 4 de febrero de 2010 22:21

Por Dios... la virgen, y el sastre que le cosió la capa al nazareno, añado.

Comment by Hugo on 10 de febrero de 2010 21:01

Ipathia, querida, bienvenida. Te apetece una copa?

Comment by Ipathia Naidoo on 11 de febrero de 2010 14:13

Ya me he servido yo misma, pero gracias.

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